jueves, 5 de septiembre de 2013

Guilledro, Anécdotas, y Otras Relaciones

Como para contextualizar: Farsantes es una novela de la tele, Guillermo y Pedro son los dos personajes principales que están encarando una “historia de amor” con conflictos, y el conjunto de los dos nombres es lo que las shippers (fanáticas de su historia) inventaron para hablar de la pareja. Ahora, a lo importante.
Toda la idea de este escrito viene de otro escrito (que pueden leer en http://esteesmiladobponele.blogspot.com.ar/2013/09/quiero-hablarles-de-algo-un-poco.html) basado en hechos de la novela (que se puede ver acá el video de la escena: http://www.eltrecetv.com.ar/farsantes/guillermo-y-pedro-se-besaron-por-primera-vez_063576). Suena complicado pero no, es bastante sencillo. Si ven las escenas (sobre todo en episodios anteriores), van a ver lo difícil que le resulta a Pedro (Benjamín Vicuña) avanzarle a Guillermo (Julio Chávez), porque es un hombre heterosexual, casado con una mujer que está esperando un hijo suyo; cómo puede ser que le pasen cosas con un hombre? Pedro no entiende qué le pasa, y obviamente, me llegó. Mucho.
Ya todos saben (y si no lo sabés, te estás enterando) que me atraen tanto chicas como chicos, pero obviamente que no siempre fue así: hubo una época en la que no entendía ni media situación lo que me estaba pasando. No voy a poner nombres, aunque a esta altura ya es irrelevante no creo que sea importante, pero mi mayor pensamiento era “che, qué mina linda. Y escucha tal banda, y se viste así y asá. Qué onda que no la puedo dejar de mirar? Basta nena, cortala, que te va a ver y después va a hablar”, y así. De hecho, finalmente esta chica terminó hablando de mí a mis espaldas, acusándome de torta (gay) frente al resto de la gente del curso (lo que fue una de las tantas razones para irme de ahí), para terminar encontrándola en la Marcha del Orgullo de hace unos años. En fin, dejando de lado la anécdota de “la primera”, la siguiente tampoco corrió buena suerte: una mina que jugaba con las personas, que me agarraba de la mano y me decía cosas lindas, para nunca jamás darme un beso o decirme “mirá, me pasa tal cosa” o no conmigo. No fueron experiencias muy lindas que digamos; agradezco al ambiente en el que me incluí, donde la homosexualidad era moneda corriente y nadie discriminaba a nadie por ser como era ni por gustarle lo que le gustara. Finalmente, varios años después del inicio de todo, una amiga se ofreció (o fue mutuo acuerdo, para el caso es lo mismo) a darme mi primer beso homosexual; la razón fue “mejor que lo hagas con alguien conocido y que te cae bien, a llegar a la desesperación y frustración de irte a cualquier lado y buscar alguien con tal de saber lo que es”. No era una mala idea, debo admitirlo. Pero, era necesario llegar a eso?

Habiendo hecho la introducción, la novela y mi vida se juntan en que Pedro tuvo a su Guillermo, alguien experimentado y de buen corazón, que no lo obligó ni apuró a nada, no lo discriminó por gustarle alguien del mismo sexo; yo no tuve a nadie a mi favor y tuve mucha gente en contra, me dijeron de todo y a la vez nada, porque el calla otorga, y lo que otorgaban era desprecio. No tuve una mano amiga que me dijera “es normal mami, no te preocupes porque así es como sos y no tenés porqué seguir a la corriente”, no creía que fuera lo suficientemente normal que me pase eso como para decirlo abiertamente, pensaba que estaba mal ser así y no hacer nada al respecto, esperar a que vengan a buscarme en vez de ir y decirle a esa chica lo que me pasaba. Tuve que esperar: esperar a encontrar un grupo que me entendiera, esperar a que mi familia hablase primero en secreto de “mis orientaciones” y después me dijera que tenía “problemas de personalidad” por lo que me pasaba, esperar a que una amiga me propusiera probar un beso con ella, esperar… Siempre esperar a los demás.
Y en el episodio de hoy, el casado confiesa haberse enamorado de otra persona (“me enamoré, y se llama Guillermo”, y el nudo en el estómago se hizo apretadísimo), pero esa otra persona no le da cabida, y lo entiendo perfectamente: tener un “crush” con una persona estando con otra. Lo entiendo, lo pasé, y es una mierda. Recordar es una mierda, saberme de una manera y que no me acepten es una mierda, querer hacer algo y no animarme es una mierda, sufrir las consecuencias de mis actos es una mierda. No quiero más, quiero tener una vida lo más normal posible y no identificarme con las partes malas de las novelas, los libros o las películas.



Fuerza Pedro, todos pasamos ese momento de confusión. Alegrate de tener a tu Guillermo, yo no lo tuve.
"No te olvides de mí", por la misma persona de la primera entrada del blog https://word.office.live.com/wv/WordView.aspx?FBsrc=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fdownload%2Ffile_preview.php%3Fid%3D160039020863798%26time%3D1378350684%26metadata&access_token=1393028192%3AAVLOYpFHrUX4bS87naukWM73vPpiSajMhFvZm-7nxvBQTg&title=no+te+olvides+de+mi.rtf

domingo, 21 de julio de 2013

Elegir la realidad

Escribirlo lo hace real, decirlo lo hace real. Y qué si no quiero que sea real? Y qué si solamente quiero que sea una ilusión que mi mente me jugó en ese momento? Puedo elegir que sea mentira, que no haya pasado y no haya sentido lo que sentí?
Díganme que sí, y nada de lo que pasó ayer me va a haber hecho mal a mí y a quién me acompaña. Déjenme que sea una mentira, así prefiero vivir


Hope is a desert running dry
Deep inside
You refuse to face the facts

domingo, 14 de julio de 2013

Abrigo Emocional

Leí lo que pusiste, aunque seguramente pretendías que no lo hiciera. No me importa, lo leí igual porque me importás y quería saber cómo estabas. Y algo supe, no todo lo que me gustaría, claro, pero algo es algo. Muero por preguntarte cosas, por contarte anécdotas, por tantas cosas daría lo que tengo encima.
Y sin embargo todo sigue igual.

Hace unos días, salí a cenar con un amigo, ese que siempre me da consejos sin siquiera darse cuenta, y sabés que me dijo? “La felicidad es como ese calorcito que tenés cuando apenas salís de tu casa: viste que te abrigás para salir y no tener frío? Bueno, esto es lo mismo: el frío te va a entrar igual, pero podés abrigarte lo suficiente como para que no te haga mal. No dejes que algo malo que te pase te arruine el día, no seas extremista, cuidá ese calor, ese cachito de felicidad que tenés siempre, y no dejes que cualquier cosa te afecte y te haga mal”. Y fue una analogía terriblemente sencilla, pero a la vez totalmente cierta. Creo que va a ser una de esas cosas, una de las tantas que me dijo a lo largo de este año y medio de conocernos, que voy a tomar como pilar para las cosas de todos los días, esas pequeñas cosas que pienso cuando estoy en determinadas situaciones y me ayudan a pasar el momento. Y ahora pienso en vos y necesito pasar el momento, estoy en remera en el medio de una nevada; pero ya voy a encontrar una campera, vos tenés esa campera que tanto busco, y hasta tanto me las arreglaré con un suéter que también me abrigue. Que el abrigo básico nunca falte, pero nunca está de más una prenda extra.

Voy a cuidar mi calor, vale la pena cuidarlo.

domingo, 16 de junio de 2013

Roja Tentación

Otra vez las fantasías, te fuiste y volvieron las imágenes imaginadas no tan irreales. Ver Sweeney Todd y amar la sangre artificial, ese hermoso rojo corriendo por los cuerpos de las personas muertas, o vivas que luego pasarán a mejor estado. Y la atracción, una vez más, hacia lo indebido.
Es el morbo, la idea de que sea lo incorrecto pero a la vez que sea tan hermoso y artístico… Querer hacerlo pero que la cordura se imponga a la insanía, una vez más, como hace ya más de un año. Eras mi razón de seguir el camino correcto, y ahora que te fuiste no sé si debo volver o no (no, claro que no debo volver, pero hay días que quisiera volver a intentarlo, sólo para demostrarme a mí misma que soy capaz de hacerlo y dejarlo; como una prueba a mi salud mental). No voy a volver, así como vos no vas a volver, y eso es lo que más me entristece: lo más importante que tenía en la vida, se esfumó igual que el vapor de un caño de escape en invierno. Pero hay una diferencia: el vapor desaparece, vos no.
Creo que en cierta forma es como la muerte misma debe sentirse, sólo que ahora seguís entre los vivos pero cometiste suicidio para conmigo. Estás viva y no te dejás ver, te mataste para que no te vea. Esto, es como ir al cementerio a hablarle a tu lápida: yo te hablo, pero no me escuchás porque no estás ahí. Si estuvieras muerta, te hablaría en cualquier momento del día y sabría que me estás escuchando, porque siempre lo dije, sos quien me cuida y me mantiene en este mundo; sabría que me escuchás porque estarías conmigo. Y ahora no: sé que no me escuchás porque no estás conmigo, le hablo a tu lápida, a tu tumba vacía de cuerpo y contenido. Le hablo a la nada misma.


Yo te voy a seguir esperando. Y sabés qué? Aunque no lo sepas, por vos, voy a mantener mi promesa, nuestra promesa. Aunque el rojo me llame, no le voy a atender.
 Te voy a esperar siempre.