viernes, 6 de septiembre de 2013

Guilledro II, y Recuerdos de Novela

“- No te olvides de mí - No me voy a olvidar - Sé feliz”… Farsantes, una vez más. Guillermo pidiéndole a Pedro que no lo olvide, después de decirle que no quiere verlo más y darle un abrazo que se sintió más allá de la pantalla.

Ahora, Pedro enganchadísimo, Guillermo distante y que se aleja, y la relación que se va a la mierda. Y yo soy Pedro, o por lo menos lo fui durante algún tiempo: enamorada (bah, "crusheada", que es aún peor) de alguien del mismo sexo, confundida sobre lo que mierda estaba pasando, viéndola casi todos los días, hablando, hasta una noche dormir en la misma cama sin que pasara nada, y pensando todo el día (y cuando digo “todo”, es casi literalmente al punto de ser insoportable) en ella y en verla y querer hablarle y en querer ver aunque sea sus fotos cuando no podía verla un tiempo y en tener un nudo permanente en el estómago y muchas veces en la garganta por esto. Y no quiero que el personaje pase por eso, porque me recuerda a lo que yo pasé, y no quiero recordar.
La vida es ahora, es lo que pasa hoy y el ayer no debería importar; pero importa. Importa porque me veo cada vez que estiro el brazo para agarrar algo, importa cuando veo fotos de ciertos momentos y/o personas, importa cuando me recriminan cómo soy en base a cómo fui, importa cuando llega la depresión por cualquier razón en cualquier momento porque se me cruzó un recuerdo enganchado con una canción, importa en todos y cada uno de los momentos que sigo viva. Pero tengo que aceptarlo: yo soy yo, soy mi pasado, presente, y futuro, soy lo que soy y lo que mejor me sale ser.

Hacía mucho que no me enganchaba tanto con una novela, espero que en un futuro pueda separar la ficción de la realidad. Por lo menos, me inspira a escribir, cosa que no hacía hace mucho; algo es algo. A mí nadie me dio fuerza, yo le mando la mía a (el personaje de) Pedro: no estás solo, aún desde el otro lado de la tele y aunque no existas en la realidad; nadie está solo, siempre hay alguien en una situación parecida dispuesto a hacerte sentir bien, solamente hay que saber encontrarlo.

Igual que en un escenario, finges tu dolor para vivir.




Ahora que lo releo, es muy parecida a la entrada de ayer. Quizás porque fue ayer, quizás porque yo soy la misma, quizás porque quiero decir una cosa y termino diciendo otra. No me gusta repetir, pero es lo que siento y lo que me sale. Hace mucho que no escribo, aunque sea más de lo mismo, me hace bien. Al que no le guste, que cierre la pestaña.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Guilledro, Anécdotas, y Otras Relaciones

Como para contextualizar: Farsantes es una novela de la tele, Guillermo y Pedro son los dos personajes principales que están encarando una “historia de amor” con conflictos, y el conjunto de los dos nombres es lo que las shippers (fanáticas de su historia) inventaron para hablar de la pareja. Ahora, a lo importante.
Toda la idea de este escrito viene de otro escrito (que pueden leer en http://esteesmiladobponele.blogspot.com.ar/2013/09/quiero-hablarles-de-algo-un-poco.html) basado en hechos de la novela (que se puede ver acá el video de la escena: http://www.eltrecetv.com.ar/farsantes/guillermo-y-pedro-se-besaron-por-primera-vez_063576). Suena complicado pero no, es bastante sencillo. Si ven las escenas (sobre todo en episodios anteriores), van a ver lo difícil que le resulta a Pedro (Benjamín Vicuña) avanzarle a Guillermo (Julio Chávez), porque es un hombre heterosexual, casado con una mujer que está esperando un hijo suyo; cómo puede ser que le pasen cosas con un hombre? Pedro no entiende qué le pasa, y obviamente, me llegó. Mucho.
Ya todos saben (y si no lo sabés, te estás enterando) que me atraen tanto chicas como chicos, pero obviamente que no siempre fue así: hubo una época en la que no entendía ni media situación lo que me estaba pasando. No voy a poner nombres, aunque a esta altura ya es irrelevante no creo que sea importante, pero mi mayor pensamiento era “che, qué mina linda. Y escucha tal banda, y se viste así y asá. Qué onda que no la puedo dejar de mirar? Basta nena, cortala, que te va a ver y después va a hablar”, y así. De hecho, finalmente esta chica terminó hablando de mí a mis espaldas, acusándome de torta (gay) frente al resto de la gente del curso (lo que fue una de las tantas razones para irme de ahí), para terminar encontrándola en la Marcha del Orgullo de hace unos años. En fin, dejando de lado la anécdota de “la primera”, la siguiente tampoco corrió buena suerte: una mina que jugaba con las personas, que me agarraba de la mano y me decía cosas lindas, para nunca jamás darme un beso o decirme “mirá, me pasa tal cosa” o no conmigo. No fueron experiencias muy lindas que digamos; agradezco al ambiente en el que me incluí, donde la homosexualidad era moneda corriente y nadie discriminaba a nadie por ser como era ni por gustarle lo que le gustara. Finalmente, varios años después del inicio de todo, una amiga se ofreció (o fue mutuo acuerdo, para el caso es lo mismo) a darme mi primer beso homosexual; la razón fue “mejor que lo hagas con alguien conocido y que te cae bien, a llegar a la desesperación y frustración de irte a cualquier lado y buscar alguien con tal de saber lo que es”. No era una mala idea, debo admitirlo. Pero, era necesario llegar a eso?

Habiendo hecho la introducción, la novela y mi vida se juntan en que Pedro tuvo a su Guillermo, alguien experimentado y de buen corazón, que no lo obligó ni apuró a nada, no lo discriminó por gustarle alguien del mismo sexo; yo no tuve a nadie a mi favor y tuve mucha gente en contra, me dijeron de todo y a la vez nada, porque el calla otorga, y lo que otorgaban era desprecio. No tuve una mano amiga que me dijera “es normal mami, no te preocupes porque así es como sos y no tenés porqué seguir a la corriente”, no creía que fuera lo suficientemente normal que me pase eso como para decirlo abiertamente, pensaba que estaba mal ser así y no hacer nada al respecto, esperar a que vengan a buscarme en vez de ir y decirle a esa chica lo que me pasaba. Tuve que esperar: esperar a encontrar un grupo que me entendiera, esperar a que mi familia hablase primero en secreto de “mis orientaciones” y después me dijera que tenía “problemas de personalidad” por lo que me pasaba, esperar a que una amiga me propusiera probar un beso con ella, esperar… Siempre esperar a los demás.
Y en el episodio de hoy, el casado confiesa haberse enamorado de otra persona (“me enamoré, y se llama Guillermo”, y el nudo en el estómago se hizo apretadísimo), pero esa otra persona no le da cabida, y lo entiendo perfectamente: tener un “crush” con una persona estando con otra. Lo entiendo, lo pasé, y es una mierda. Recordar es una mierda, saberme de una manera y que no me acepten es una mierda, querer hacer algo y no animarme es una mierda, sufrir las consecuencias de mis actos es una mierda. No quiero más, quiero tener una vida lo más normal posible y no identificarme con las partes malas de las novelas, los libros o las películas.



Fuerza Pedro, todos pasamos ese momento de confusión. Alegrate de tener a tu Guillermo, yo no lo tuve.
"No te olvides de mí", por la misma persona de la primera entrada del blog https://word.office.live.com/wv/WordView.aspx?FBsrc=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fdownload%2Ffile_preview.php%3Fid%3D160039020863798%26time%3D1378350684%26metadata&access_token=1393028192%3AAVLOYpFHrUX4bS87naukWM73vPpiSajMhFvZm-7nxvBQTg&title=no+te+olvides+de+mi.rtf

domingo, 21 de julio de 2013

Elegir la realidad

Escribirlo lo hace real, decirlo lo hace real. Y qué si no quiero que sea real? Y qué si solamente quiero que sea una ilusión que mi mente me jugó en ese momento? Puedo elegir que sea mentira, que no haya pasado y no haya sentido lo que sentí?
Díganme que sí, y nada de lo que pasó ayer me va a haber hecho mal a mí y a quién me acompaña. Déjenme que sea una mentira, así prefiero vivir


Hope is a desert running dry
Deep inside
You refuse to face the facts

domingo, 14 de julio de 2013

Abrigo Emocional

Leí lo que pusiste, aunque seguramente pretendías que no lo hiciera. No me importa, lo leí igual porque me importás y quería saber cómo estabas. Y algo supe, no todo lo que me gustaría, claro, pero algo es algo. Muero por preguntarte cosas, por contarte anécdotas, por tantas cosas daría lo que tengo encima.
Y sin embargo todo sigue igual.

Hace unos días, salí a cenar con un amigo, ese que siempre me da consejos sin siquiera darse cuenta, y sabés que me dijo? “La felicidad es como ese calorcito que tenés cuando apenas salís de tu casa: viste que te abrigás para salir y no tener frío? Bueno, esto es lo mismo: el frío te va a entrar igual, pero podés abrigarte lo suficiente como para que no te haga mal. No dejes que algo malo que te pase te arruine el día, no seas extremista, cuidá ese calor, ese cachito de felicidad que tenés siempre, y no dejes que cualquier cosa te afecte y te haga mal”. Y fue una analogía terriblemente sencilla, pero a la vez totalmente cierta. Creo que va a ser una de esas cosas, una de las tantas que me dijo a lo largo de este año y medio de conocernos, que voy a tomar como pilar para las cosas de todos los días, esas pequeñas cosas que pienso cuando estoy en determinadas situaciones y me ayudan a pasar el momento. Y ahora pienso en vos y necesito pasar el momento, estoy en remera en el medio de una nevada; pero ya voy a encontrar una campera, vos tenés esa campera que tanto busco, y hasta tanto me las arreglaré con un suéter que también me abrigue. Que el abrigo básico nunca falte, pero nunca está de más una prenda extra.

Voy a cuidar mi calor, vale la pena cuidarlo.